February 11, 2026
Después de la obediencia viene el ataque


Texto base: Mateo 3:16–17; Mateo 4:1

“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos… y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.”

Introducción

Existe una verdad espiritual que muchos creyentes descubren solo después de caminar con Dios por un tiempo:

la obediencia no siempre trae descanso inmediato; muchas veces trae confrontación.

Pensamos que, después de hacer lo correcto, todo debería volverse más fácil.

Pero en la Biblia vemos un patrón diferente:

Después de la obediencia… viene el ataque.

No como señal de derrota, sino como evidencia de avance espiritual.

1. La obediencia abre el cielo… pero también el desierto

Jesús obedeció al Padre al bautizarse.

El cielo se abrió.

La voz de Dios habló.

La identidad fue afirmada.

Pero el siguiente paso no fue un trono… fue un desierto.

Mateo 4:1 muestra que el mismo Espíritu que descendió en el Jordán

fue quien lo llevó al desierto.

Esto nos enseña algo profundo:

  • La obediencia no te saca de la batalla.
  • La obediencia te posiciona para la batalla correcta.

Muchos creyentes se confunden cuando llegan pruebas después de obedecer.

Pero la prueba no contradice la obediencia;

la confirma.

2. El ataque busca lo que la obediencia estableció

En el Jordán, el Padre declaró:

“Este es mi Hijo amado.”

En el desierto, el enemigo dijo:

“Si eres Hijo de Dios…” (Mateo 4:3)

El ataque no era contra el hambre.

Era contra la identidad.

Satanás siempre ataca:

  • lo que Dios habló,
  • lo que Dios estableció,
  • lo que Dios está formando en ti.

Por eso muchas batallas llegan después de momentos de obediencia,

porque el enemigo intenta detener lo que acaba de nacer en el espíritu.

Pero observa algo clave:

Jesús no debatió con emociones.

Respondió con la Palabra.

Mateo 4:4

“Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

La victoria después de la obediencia

se sostiene con la Palabra, no con sentimientos.

3. Este patrón se repite en toda la Escritura

Elías

  • Obedeció y derrotó a los profetas de Baal.
  • Luego vino amenaza, miedo y huida.
     1 Reyes 18–19

Israel

  • Salió de Egipto por obediencia a Dios.
  • Luego enfrentó el desierto.
     Éxodo 14–16

David

  • Fue ungido rey.
  • Luego perseguido por Saúl.
     1 Samuel 16–24

En cada caso:

La obediencia inició el propósito,

pero la presión probó la fe.

4. El propósito del ataque no es destruirte, sino revelarte

Dios no desperdicia ninguna batalla.

Santiago 1:2–3

“Tened por sumo gozo… cuando os halléis en diversas pruebas,

sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.”

El ataque después de la obediencia:

  • revela si dependes de Dios o de la emoción del momento,
  • fortalece lo que aún es débil,
  • madura lo que apenas comenzó.

El enemigo quiere detenerte.

Dios quiere formarte.

5. La obediencia final produce victoria visible

Después del desierto:

  • el diablo se fue,
  • los ángeles vinieron,
  • y Jesús comenzó su ministerio público.

Mateo 4:11,17

El ataque no fue el final.

Fue el puente hacia el propósito.

Esto significa que tu temporada difícil

puede ser la antesala de algo mayor.

Conclusión

Si hoy estás bajo presión después de haber obedecido a Dios,

no asumas que hiciste algo mal.

Puede ser exactamente lo contrario.

Porque en el reino de Dios:

Después de la obediencia viene el ataque…

pero después del ataque viene la manifestación del propósito.

Llamado final

Permanece firme.

No sueltes la Palabra.

No negocies tu identidad.

Gálatas 6:9

“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

La obediencia nunca es en vano.

El desierto no es permanente.

Y el propósito de Dios sigue en pie.

Amén.