En estos tiempos donde muchas voces se levantan sin haber sido enviadas, es necesario volver a la verdad eterna: el ungimiento viene de Dios, no del hombre.
No es un título, no es una plataforma, no es emoción momentánea.
Es un llamado santo, eterno e irrevocable.
La Escritura declara:
“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto.”— Juan 15:16
El origen del ministerio no está en la decisión humana, sino en la elección divina.
Cristo es el que llama. Cristo es el que unge. Cristo es el que envía.
DIOS NO UNGE LIGERAMENTE
La Palabra advierte con claridad:
“No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos.”
— 1 Timoteo 5:22
El ungimiento no es una ceremonia social, es una confirmación celestial.
Cuando Dios separa a alguien, lo hace con propósito, con proceso y con peso espiritual.
Vemos este principio desde el Antiguo Testamento:
“Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David.”— 1 Samuel 16:13
La unción no fue emoción momentánea; fue el inicio de un destino que nadie podía detener.
EL LLAMADO DE DIOS ES IRREVOCABLE
Muchos intentan huir del llamado.
Otros lo rechazan por temor.
Algunos lo abandonan por presión.
Pero la Escritura es firme:
“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”
— Romanos 11:29
Cuando Dios llama, el cielo ya decidió.
El hombre puede resistir un tiempo, pero no puede cancelar lo que Dios estableció.
Jonás huyó… pero el llamado lo alcanzó.
Jeremías temió… pero Dios dijo:
“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué; te di por profeta a las naciones.”
— Jeremías 1:5
El llamado existe antes del nacimiento y permanece más allá de las circunstancias.
EL UNGIMIENTO SIEMPRE APUNTA A CRISTO
El verdadero ungimiento no exalta al hombre, exalta a Jesús.
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres.”
— Lucas 4:18
Jesús es el Ungido perfecto, y todo ministerio verdadero fluye de Él.
Sin Cristo, no hay unción.
Sin cruz, no hay autoridad.
Sin Espíritu Santo, no hay fruto.
RESPONSABILIDAD DEL QUE ES LLAMADO
El que ha sido ungido no vive para sí mismo.
“Te encarezco delante de Dios… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo.”
— 2 Timoteo 4:1–2
El llamado requiere:
Santidad, no apariencia
Fidelidad, no popularidad
Obediencia, no comodidad
Porque un día cada siervo dará cuentas:
“Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”
> — Romanos 14:12
LLAMADO FINAL
Hoy el Espíritu Santo recuerda:
El ungimiento no es un privilegio para lucirse,
es una carga santa para servir.
No fue el hombre quien te llamó.
No será el hombre quien te sostendrá.
Y tampoco será el hombre quien podrá detener lo que Dios decretó.
“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.”
— 1 Tesalonicenses 5:24
Mi nombre es Cesar Castro y soy una voz en el desierto